Administracion en la cuerda floja
Administración pública

Directivos públicos profesionales, por favor

La mejor forma de proteger la administración de partidismos, abusos de poder e incluso de mediocridad, es a través de la dirección pública profesional. Independencia, objetividad y compromiso, unido a un amplio conocimiento de función pública, recursos humanos, económicos y técnicos. Gestión integral y que perdure en el tiempo.


Cuando se está más pendiente de si se sale o no en la foto, del momento en el que los medios conectan en directo para lucirse con las mejores frases al estilo “y tú más”, o cuando lo único que importa es quien puede colocar al mayor número de palmeros para hacer partidismo desde dentro de la administración, es que las cosas se están haciendo más mal que bien.  

No digo que esta práctica sea nueva. Pero sí lo es el altavoz mediático que los nuevos canales, capitaneados por las redes sociales (propiedad de grandes empresas, por cierto) ofrecen.

Valga la advertencia de que esta es una opinión y de que siempre generalizamos. Existen honrosas excepciones que, por desgracia, no destacan ante tanta mediocridad.

Hipocresía y desfachatez compiten a partes iguales en los hemiciclos y salas de plenos. Ser político no es eso. No es subirse la asignación cuando existen trabajadores que no cobran el sueldo completo porqué no hay suficiente dinero para todos. Cuando algún tertuliano se despacha a gusto con adjetivos como “sinvergüenzas”, ya no nos escandalizamos. Hemos normalizado el hooliganismo político y sus debates parecen más un plató de televisión que una sala para debatir y solucionar lo que preocupa a la ciudadanía.

Lo peligroso es que están “jugando” con el dinero público. Intercambian temas, personas, cargos y despachos como si fueran cromos. Sus peleas de patio de colegio pueden arrancar sonrisas en parodias televisivas, pero cuando lo analizas a fondo, ves como sufre la gran mayoría de la sociedad y percibes lo alejados que están de la realidad, ya no hace gracia alguna.

Entiendo que si se entra en política para tener un sueldo, conservarlo se convertirá en su objetivo primero. Evidentemente todos queremos conservar y mejorar en nuestro puesto de trabajo. Quien trabaja en la administración pública sabe lo exigente de su acceso y se ha preparado duro para conseguirlo. No en vano dicho acceso debe hacerse por razón de mérito y capacidad (otro tema es como se mide esté mérito y capacidad, pero de ello ya hablaremos otro día. Hoy por hoy, el sistema es el concurso oposición y superarlo nos legitima para ocupar plaza pública).  Pero no son quienes han accedido a la administración por razón de mérito y capacidad quienes dirigen y deciden.

¿Política o partidismo?

El problema es que las políticas públicas no se determinan desde la administración, sino desde los partidos políticos, que están fuera de ella.  Confundimos política con partidismo y por eso, ya no hacemos lo que sabemos que es mejor para todos, sino lo que beneficiará más a los “nuestros” y por tanto a nosotros mismos. Más tiempo “dentro” garantiza el sueldo de un sinfín de personas que no han entrado por razón de mérito y capacidad. 

Y el trabajador público hace ya tiempo que viste armadura y coraza: prudencia, advertencia, informes negativos, … llegando sin embargo muchas veces a pasarse la pelota unos a otros, cargando la responsabilidad de firma (y el muerto) al técnico de más bajo rango (y sueldo) … 

Ahora más que nunca se hace necesaria la figura del directivo público profesional. Personas formadas en todos los ámbitos de la función pública pero que también sean capaces de gestionar recursos humanos, control de objetivos, planificación de una forma objetiva y realista, sin ceder a partidismos ni chantajes sindicales. Una figura que sea el vínculo entre política y administración y que descargue a secretarios municipales de funciones que no les corresponden. Que se rija por los pilares de profesionalidad, independencia y confianza y que esté formado específicamente para hacer funcionar (y avanzar) a la administración pública.

Sabemos que los cargos políticos están de paso. Pero pueden ser gacelas que respeten el prado y permitan que la hierba siga naciendo o pueden ser manadas de búfalos en estampida arrasando todo bajo sus pies.

Se trata de proteger el funcionamiento de la administración y de trabajar en las políticas públicas, evidentemente, fijadas según el color de quien gobierne. La alternancia política es sana y necesaria. Pero no el partidismo y la lucha desenfrenada por el poder. Y mucho menos la mediocridad en los puestos de responsabilidad.  

La mejor forma de proteger la administración es con una buena gestión integral, que perdure en el tiempo. Más directivos públicos profesionales, por favor.

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