cenicienta, calabaza y hada madrina
Comunicación institucional,  Reflexiones

La Comunicación, la cenicienta de las organizaciones

Uno de los muchos “jefes” que he tenido en mis más de veinte años en la administración pública, me dijo una vez que mi principal trabajo debía ser “hacer hacer”. Es decir, tener visión global, encargar y supervisar el trabajo de otros, para difundirlo después.

“Estate atenta. Si dejas de mirar a los demás, pierdes la perspectiva y tu trabajo como comunicadora, debe ser mantener siempre una visión global y estratégica de conjunto.”

La comunicación es uno de los ejes principales sobre los que pivota cualquier ámbito, no solo de una empresa, sino de la vida misma. Si no comunicas … no existes.

Todo comunica, no solo las palabras, sino también los gestos, las miradas, las acciones e incluso las reacciones. Un clic en un dispositivo electrónico también comunica. La distancia temporal y física se ha reducido de tal manera que hoy en día podemos entablar conversación con cualquier persona en cualquier parte del mundo. Pero aquello que parece tan fácil, rápido y bonito, esconde sus partes oscuras y tiene sus amenazas.

La Comunicación es una profesión

Saber comunicar es un don, pero también es una profesión. Y como pasa en todo aquello abstracto, poco regulado y que parece estar al alcance de todos, “quita tú que me pongo yo o pongo a mi sobrina que es muy espabilada, y es de la generación que ha nacido con un móvil bajo el brazo y lo hará como yo quiero”.

Y tú, que has sido educada en la generación de los 70 y los 80, en la cultura de no contestes si no te preguntan, no avances soluciones que no te piden, respeta la jerarquía y ya llegará tu ascenso cuando tus superiores se jubilen, acabas viendo como la sobrina que “domina” las redes, se sienta en tu silla, y encadena un post detrás de otro, que caen tan rápido como se han publicado. STOP. A aprender de la vida toca. Y poner límites es todo un reto. Por uno mismo, pero en este caso, para la salud y el futuro de la comunicación de la administración pública.

Llegados a este punto, si debo “hacer hacer” y debo planificar, mi opinión es importante. Pues ahí va lo que pienso sobre el descontrol de las publicaciones institucionales y el sometimiento a la arbitrariedad del interés partidista, que desatiende los criterios de eficacia y eficiencia en su afán por “estar” aunque su presencia no aporte nada.

La huella digital y el daño cerebral

Dicen que toda huella digital queda guardada en algún sitio, pero ante tanta infoxicación de “shorts” y no tan “shorts” publicados, lo que quieres es que desaparezcan pronto de tu vista. ¿Y a dónde va tanta publicación? ¡A quién le importa! Pues sí importa a los profesionales de la comunicación, a los gestores documentales y archiveros, que deben preservar el patrimonio documental de las instituciones. Y señoras y señores, todo queda guardado en algún sitio y tacháan, se puede recuperar y reaparecer sacando los colores a más de una.

Sigo pensando que la planificación es indispensable y que ese afán de inmediatez por publicar genera ruido y suciedad digital. Los expertos alertan de las secuelas que pueden quedar en la mente provocadas por el scroll incontrolado, que genera grandes cantidades de dopamina, la misma sustancia que se libera consumiendo cocaína. El acto de mover repetidamente el dedo para ir bajando la pantalla y consumiendo nuevos contenidos o la aparición de “likes” a nuestras publicaciones, son descargas de dopamina que generan placer y adicción.

Si sabemos todo esto y debemos marcar las políticas públicas, ¿porqué sucumbimos ante el desenfreno de publicar por publicar, de crear perfiles y páginas sin orden ni estrategia, de ceder (o arrancar directamente) la gestión de las redes institucionales de las manos de los profesionales de la función pública para pasar a gestionarlas por cargos que desaparecerán cuando lo haga el político de turno? ¿Sería posible eso hoy día en un departamento de urbanismo, economía, jurídico o informático?

Es una cuestión de valores. Y de miedo. Y sin lo uno ni lo otro … pasa lo que pasa

La Comunicación es la cenicienta de las organizaciones. No hace falta que explique el cuento. Quien no lo sepa, puede acercarse a cualquier biblioteca, presencial o virtualmente y disfrutar con su lectura.

Y por si el príncipe que debe venir con el zapato que nos encaje se ha perdido haciendo scroll en su teléfono inteligente, pongámonos las pilas y no cesemos en la reivindicación de una Comunicación pública de calidad, que responda a intereses sociales y de atención ciudadana eficaz. Que esté presente en las redes e internet, pero de forma planificada, priorizando la información y el contenido de valor y, sobretodo, el servicio público.

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